Marzo…

Como pasa el tiempo de rápido cuando vemos pasar los meses, pero como se hacen eternos aquellos momentos cuando no nos encontramos bien.

Si, concuerdo que la felicidad es una estado que depende solo de uno, pero resulta ser que no somos seres aislados, vivimos en un mundo, en una sociedad, rodeados de personas, de acciones, de eventos, acontecimientos y momentos que no podemos controlar, podremos tener la capacidad de tolerar que tanto nos puede o no afectar todos estos factores y/o personas, pero a fin de cuentas la vida es una constante evolución.

Todos en nuestras vidas hemos pasado por distintos hechos y acontecimientos que han generado heridas, que convienen ser sanadas y reconciliadas; pues de lo contrario, se convierten en un obstáculo para nuestro crecimiento  espiritual, madurez afectiva y psicológica. Para lograr esto, en mi caso particular lo único que me ayudo y me ha ayudado una y otra vez es abrirse a la gracia de Dios, poner los medios adecuados para que el Espíritu Santo pueda sanar y reconciliar mi corazón.

Esta reconciliación es un proceso que puede durar años, dependiendo el tema o del acontecimiento específico. Además, implica generar un proceso de aceptación de las heridas más significativas de la historia personal de cada uno de nosotros, así como las consecuencias de dichos hechos, que pueden tener incidencias en nuestra vida.

Comparto con ustedes estas líneas pues para la realización personal de cada ser humano, para lograr crecer en libertad y amor, debemos experimentar la reconciliación, esa que nos va a permitir vivir con lo que muchos anhelamos “PAZ”.

 

“No existe felicidad sin amor, ni amor sin libertad; y así es exactamente. El hombre ha sido creado por amor y para amar, y solo pude hallar la felicidad amando y siendo amados”

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