Todos tenemos heridas, y no hablo de esas marcas que nos vemos en la piel, hablo de esas que no se dejan ver, esas que marcan un antes y un después.

Heridas, cuyas profundidades, provienen de una historia compleja ya sea de carencias, frustraciones, traiciones, vacíos, tropiezos, etc…

Heridas que afectan nuestras emociones. Ellas forman parte de nuestro pasado, construyen nuestro presente y nos forman para el futuro.

Estas HERIDAS tienen múltiples causas muchas vienen de nuestra niñez, en esa etapa donde necesitábamos de primera mano, la aprobación y admiración de nuestros guías, pero éstas, acompañadas con Amor y Admiración.

En esos momentos de nuestra formación y crecimiento existieron personas que no supieron darnos ese apoyo, esa palmada en la espalda, esa lágrima de emoción, ese aplauso espontáneo… Y el tiempo, creó la profundidad de la necesidad, que originó esas primeras Heridas llamadas VACÍOS.

A veces, cómo conducta de sobrevivencia, intentamos llenar estos VACÍOS… y llenarlos… y llenarlos, con aquello que creemos.. Y nos damos cuenta con el tiempo que esas heridas de VACIOS no se llenan.

Querer “llenar esos vacíos” se vuelve una adicción y una conducta infinitamente repetitiva que maneja parte de tu vida.

Tus relaciones afectivas? Intentas cubrir esos vacíos de afecto.
Tus relaciones labores? Intentas cubrir esos vacíos de admiración por lo que haces.
Tu relación con tu mismo? Intentas cubrir esas heridas olvidándote quien realmente eres.

Les digo el secreto?
Esos VACÍOS no se llenarán con nada, las heridas sanaran, pero siempre estaran ahi presentes.
Por qué? Porque el tiempo no volverá atrás.
Así de simple. Así de impactante.
Es un gran engaño mental pensar que hay algo que los pueda cubrir, llenar o quitar profundidad.
Quizá, “quite profundidad” por un tiempo, pero luego, el vértigo de la ausencia pedirá más y más…

Debemos encargarnos de nuestros vacíos y nuestras heridas, como???
Si bien sabemos el tiempo es el mejor aliado, el nos ayuda a que esas Heridas cicatricen, pero va de nosotros Coserlas, Remendarlas….
Perdonarnos y Perdonar (o viceversa).
Aceptarnos con esas heridas y dejarnos ayudar.

Señores a veces no está mal pedir ayuda, acudir a un psicólogo que nos ayudarán, porque no pedirle ayuda a nuestro Sacerdote, o a esa persona instruida, preparada y capacitada a quien creas y confíes.

¡Acepta la ayuda!

Si no curas, sucede, que se REPITE la historia:
“Como no pudiste sanar, amas MAL”
“Te vuelves incrédulo”
“Alimentas tu inseguridad”
“Crecen tus miedos”

Es tiempo que tus heridas sean solo CICATRICES. Huellas que se hacen en el camino de tanto andarlo… Y que a todas las lleves con orgullo.
Por qué?
Porque ahí, antes, hubo una historia que formó esa HERIDA.

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